Una noche para siempre
Tiene ocho años y ha decidido saltar la cerca, para huir del peligro que la acecha.
La noche está helada, pero es el miedo lo que realmente la hace temblar. Su padre, otra vez borracho, sale al jardín trasero después de haberla buscado en cada rincón de la casa. Ella sólo necesita esconderse, aunque sea por un momento ahora.
Se rompe el silencio de la noche sin luna: –¡¿Dónde carajos estás?! –grita mientras se limpia los restos de vómito de la barba. Golpea con su bate un basurero y algunos perros del vecindario comienzan a ladrar.
Llena de pavor, contiene las lágrimas con todas sus fuerzas… No puede correr a la cerca, pues él se aproxima. Se acurruca como puede debajo del lavadero. En su fino cabello se enredan telarañas, pero no debe gritar. Sólo respira y llora en silencio.
Ya de madrugada, escucha que viene el autobus. Recuenta sus monedas, salta, corre y le hace una seña para que pare. No sabe a dónde va, pero eso en verdad no le importa.
Muerte sin tiempo
Quizás sea mejor no llevarles la contraria; de todas maneras, al acercarse el alba, irán por él. Entrarán en su celda y probablemente lo encuentren despierto, vigilando su espacio bajo la luz de la luna llena que se filtra entre las rejas; entrevelando su último sueño fugaz, mientras puede.
No entenderán nada, ni les conmoverá el frío que cala los huesos y escarcha el alma. Ellos no sonríen, no lloran, simplemente obedecen y callan.
Un hombre ha perdido la esperanza y no ha tenido tiempo de darse cuenta, sólo intuye que a las cinco de la mañana será decapitado.
Bipolaridad visceral
Te quiero, Pilar, te quiero, dos puntos. Escribo este mensaje desde lo más profundo del corazón…
No, no, no, ¡No! Vamos otra vez, que suena muy cursi:
Hola Pilar, ¿recuerdas la última vez que te dije “te quiero”? Posiblemente lo hayas olvidado, por tus múltiples distracciones; lo que pasa es que cuando te digo que te quiero, no dices nada, y cuando quiero quererte, no te dejas. Me tienes colgado…
Bueno, Pilar: te quiero… Pero te quiero ver bien lejos de mi vida, porque si no me inspiras para escribir un simple textillo, no eres la que busco. Acabo de decidirlo: ¡esto no va más!